Hay días en los que sigues… No porque quieras… Porque así aprendiste a vivir, en constante alerta…
Cumples… Sostienes… Siempre estas, para los demás…
No es cansancio… Es desgaste… Es agotamiento…
Llega un momento, en el que lo sabes… Que ese ritmo te ha salido caro… un precio demasiado alto…
Has pagado con el cuerpo… Con la calma… Con partes de ti…
Ahora lo ves. Y aun así, cuando intentas cuidarte, algo dentro se encoge. Como si estuvieras fallando. Como si parar fuera una falta. Como si no estuviese bien…
Ahí es cuando aparece la pregunta incómoda y a la misma vez imposible de esquivar…
¿Qué más tiene que pasar para que reacciones?
Ese es el peso real. No el cansancio. Sino haberte dejado siempre para después.
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