Entre papeles y visitas formales,
algo distinto irrumpió en mi rutina.
sin brazos ni piernas,
con los ojos en blanco
y la calma de quien guarda un secreto antiguo…
Los clientes lo llamaron Daruma.
Lo colocaron sobre la mesa con una reverencia suave,
como manda su cultura japonesa.
Contaron que al recibirlo,
se pinta un solo ojo al formular un propósito,
y el otro solo cuando el sueño se cumple.
Dicen que no es un amuleto,
sino un recordatorio.
Un pacto con uno mismo.
Una fe silenciosa en la constanci
y en el poder de no rendirse.
El Daruma no observa,
espera…
No promete milagros,
invita al movimiento…
Su ojo abierto vigila el compromiso,
su ojo ciego confía en el futuro.
Y así, en el escritorio,
este pequeño Daruma,
reposa con un solo ojo pintado.
Aguardando el día en que la promesa se cumpla….
Nanakorobi yaoki (七転び八起き)
Caer siete veces, levantarse ocho.
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