Un leñador golpeaba sin cesar, pero su hacha embotada apenas hería la madera.
Un anciano lo vio y le dijo: -Descansa y afílala
-No puedo, hay mucho por hacer-respondió el leñador.
El viejo sonrió: -Si afilas tu hacha, cortarás con la mitad del esfuerzo y el doble de precisión.
El leñador entendió: que a veces, detenerse no es perder el tiempo, sino ganar fuerza para seguir….
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